Don Tomás Alfredo Giménez fue un testimonio vivo del pasado de Quines comprendido entre 1920 y 2015.
Nació en la Plaza Vieja en 1915 y se puede decir que este fue su lugar en el mundo, pues, desde su infancia hasta sus últimos días, estuvo casi siempre allí.
Su vida fue muy destacable ya que hasta la edad nada menos que de 95 años todavía andaba en bicicleta por las calles de Quines. El principal destino era el negocio de su hijo y a pesar de haberse golpeado en noviembre de 2010 decía: “Si Dios quiere ya voy a volver a la bici”.
Si tomamos en cuenta los títulos del Noticiero Nacional podemos decir que don Alfredo fue UN ARGENTINO LARGA VIDA.
Con una memoria impecable aunque “sin años”, como dicía él, podía relatar el Quines de los años 20 en adelante.
Hijo de Juan Bautista Giménez y de doña Catalina Ruártez Arse don Alfredo cuenta su vida como si fuera ayer. Recuerda absolutamente todo y lo relaciona con los hechos históricos para aproximarse a los años calendario.
"Estuve en La Rioja desde los 8 años hasta los 13. Cuando lo derrocan a Yrigoyen, me vine.
Trabajé desde muy joven".
“Comencé como obrero de Vialidad Provincial cuando se estaba abriendo el camino a San Martín por el Chaguaral (hoy camino abandonado); pagaban $ 2 por día en ese momento y contrataban a los empleados por 15 días y cambiaban de cuadrilla. El Ingeniero encargado de la obra era de apellido Moyano.
Antonio Maldonado me decía: - Le vamos a meter el dedo en la boca, ya vas a ver-. Nos vamos a levantar temprano, yo me cebo unos mates y vos se los llevás. Ponete un trapito blanco en el otro brazo y le das.
Así lo hicimos y cuando aparezco con el mate el Ing. me dice: “ ¡Ohhh!, no puedo creer que todavía alguien lleve mate a la cama. ¡Muy Bien!!”. ¡Quedó chocho!
Al mediodía hicimos una carbonada ¡Imagínense! No nos quería dejar ir y es así que estuvimos trabajando allí hasta que llegamos a San Martín.
El tipo que dinamitaba nos quería muchísimo. Era un muchacho de San Luis de apellido Lucero.
Después de eso trabajé en la panadería de Margarita viuda de Magnano.
Un día me habla Don David Alume y me dice:
- Alfredo, quiero hablar con vos. Vení esta noche a casa.
- Bueno, voy cuando Ud. quiera.
- ¿A que hora vendrías?
- Después de cenar ¿puede ser?
- Bueno, ¿cenás tarde?
- No, temprano nomás.
- Bueno, en cualquier momento que puedas, andá.
A la noche me presento y me dice:
- ¿Cuánto te pagan?
- El 7 ½ %.
- ¿Y vos andás bien?
- ¡Ya me ve!
- Yo te quiero proponer el 15 % y te doy el 2% en mercadería de almacén. Pero te voy a pedir una gauchada. Andate a tu casa y dejá de trabajar unos dos meses para que los gringos no digan que yo he clavado espina.
Te voy a dar un sueldo mejor; vos sacá la cuenta. Ya no sos un nene.
Acepto su propuesta y hace un contrato anotando: "Entre don David Alume y Alfredo Giménez tratan lo siguiente…"
Firman como testigos: Domingo Battaglia; Pablo Peralta (contador de la casa); Secundino Oviedo (tesorero) y Juan Turri.
¡Recién llegaba el ferrocarril a Quines!
Me acuerdo que en ese tiempo se hace el censo general y vendí en un solo día 850 Kg. de pan.
Andaba en una jardinera de reparto de pan. Tenía cuatro caballos. Los Magnano tenían un tobianito que era un relojito; una mula y otros caballos (uno se lo compró a don Cesar). Don David le compró a Cesar un caballo moro que era bastante bravo pero a mi me quería y se había acostumbrado a mi presencia, es que cada animal es como que elije una persona y la cuida. Un día pasa doña Elvira por el lado del caballo y le tiró un tarascón rompiéndole la ropa a la altura del hombro. Mezquinándome a mí -decía don David.-
Cuando se enferma la Sra. de Germán García (la suegra de Julio Floriani) que tiene 106 años, don Germán me dice: - No me haría el favor de llevarme a mi Sra. hasta la casa (vivía en la casa de Faustino Galván).
- Si, como no, ¿pero puede ir en la jardinera? –le digo yo-.
- Ud. si puede y quiere, llevelá. No se ocupe de otra cosa.
Trabajando allí y un día le digo: Don David, me han llamado de Mendoza para trabajar allá.
- Bueno, pero me gustaría que no te fueras. Tenemos muy buena relación nosotros. Desde que estoy aquí con mi esposa y con mis hijos nosotros nunca tuvimos un problema. A mis amigos vos los ves y nunca he tenido la satisfacción de que me vendan tanta mercadería como lo hiciste vos.
Cuando me voy a Mendoza me dice: “¡Si alguna vez te toca volver no te olvides que esta es tu casa!”
Fui a la cordillera mendocina a trabajar como telegrafista en la sección de Tráfico en el Ferrocarril General Belgrano. Estuve en Las Cuevas, en la boca del túnel Internacional; mas allá las banderas Argentina y Chilenas al medio del túnel; después ya del lado Chileno Puesto Caracoles y Portillo. Por ir a pasear a Portillo una vez casi me muero de frío.
Volví como 5 años después y me llegaron 3 cartas intimándome a volver. Hasta me acusaron de saboteador.
Después de casado viví en la casa de los Torán y luego le alquilé a don Sinforoso Suárez la casa en donde hasta hace poco vivió doña Juana Manchento (en 9 de Julio entre Edison y 20 de Noviembre). Allí estuve 15 años más o menos y era vecino de Sinforoso Gatica y Elisa (padres de Arturo y Asterio).
Aparte de los lugares mencionados también trabajé en la Casa Blanchet y con Teófilo Flores.
UNA RADIOGRAFÍA DE LA PLAZA VIEJA
Don Alfredo recordaba perfectamente la plaza vieja de su juventud y podía dar en detalle la ubicación de las casas y las características de la misma.
“La Plaza vieja tuvo varios nombres: El primero que yo recuerdo fue Plaza Independencia; después Hipólito Yrigoyen; después tengo entendido que se llamó Virgen del Rosario y actualmente Plaza del Niño. -decía en ese momento.
El que le hizo poner Hipólito Yrigoyen fue don Felipe Aquín. Tenía un negocio en la esquina sureste (hoy calle La Candelaria y Av. Córdoba). Esa casa no era de él, era de un sanjuanino de apellido Aguiar. A la plaza le habían puesto un busto chiquito (de unos 25 cm.) que después lo robaron.
A esta plaza la arregló don Elias Torán nivelando el terreno con rastrón y caballos.
Al lado sur sobre la plaza encontraron un cadáver muy bien conservado ya que tenía carbonilla para mantener los huesos en buen estado. Cuando lo encontraron dijeron: - ¡Antes si que enterraban bien a los muertos!
Era cuadrada y estaba alambrada. Tenía postes de algarrobo y molinetes en las esquinas para acceder por allí.
Dentro de la plaza también estuvo la cancha de fútbol del Club Unión Quinense, tenía una orientación este-oeste. Los jugadores de ese momento eran: Arquero: Silvestre Gatica; los bag eran Pancho Sosa y Rafael López; “Pepe” Galván y Faustino Galván; Gilberto Tobar; Antonio y Simón Magnano y Lucas Teherán.
Recuerdo que Martín Quiñones era arquero de Santa Rosa y Faustino Galván que tenía un patadón le hace un tiro al arco mientras estaban probando, todavía no comenzaba el partido y la pelota le pega en el bolsillo del pantalón y ardió la caja de fósforos que tenía guardados.
A veces la policía les prohibía jugar.
UBICACIÓN DE LAS CASAS:
Donde está la casa de Elias vivió Don Mauricio Fernández, después vivió su hijo Herman y después Don José Nuñez.
Don Juan Fernández Sotura (no Luis) vivía en las casas blancas donde ahora está Rosales. Tenía dos hijos: Amado y Julio.
A la casa de la esquina que está en pie la hace hacer don Juan con Patricio Chacón y nunca se habitó. Era para el hijo Amado Fernández por eso tiene las letras “AF” y le pusieron las aberturas pero no las cerraduras. Entre esta casa y la de don Juan había un algarrobo con un metro y medio de diámetro mas o menos (de aquí hasta la puerta me dice él) y allí dicen que había una horca pero cuando yo lo conocí la ramazón ya no estaba, lo habían podado.
El cementerio estuvo donde esta el Balneario. Lo cerró "Pancho" Ybáñez “el difunto” con paredes de adobe por lo cual le pagaron. Antes no se con que era cerrado.
Desde el cementerio hasta la casa de don Antonio Sosa (calle San Martín) limpiamos y abrimos acequias con mi papá para sembrar.
La iglesia cuentan que en un principio estuvo al sur de la plaza y después hacen aquella. Cuando se cae la parte sur la levanta don Felipe Domínguez. Después se cae la parte norte y la levanta Lanchoni de Luján. En el 44 cuando el terremoto de San Juan se cae el campanario y lo levanta también Lanchoni con otro albañil.
Comenzando de la esquina desde la casa de José Sosa hasta la casa de Juan Robledo vivió Tibursio Rivarola (allí funcionó la Escuela de Manualidades, una especie de taller de señoritas donde enseñaban corte y confección, cocina, etc.) y hacia el este Marcelina Leyes y Salvadora Bañez. Pasando el canal en donde está la casa de Godoy era la casa de Espiridión Aguirre Celis y sus hijos Aristóbulo, Humberto, Ester, Aurelia y un muchacho criado llamado Carlos Escudero (era telegrafista del telégrafo internacional. Un día lo encontré en Mendoza y le contaba que yo era telegrafista en las cuevas, nos alegramos mucho de vernos)
Frente la actual casa de Rolo Arrieta vivió Sixto Aballay y al oeste Ersilia de Fernández y donde después construye Dionisio Salina casado con doña Ester Aguirre Celis. Siguiendo esa cuadra en al otra esquina llegando a calle Rivadavia edifica don Vicente Quiroga (carpintero).
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