VICTORIO VALENTÍN BRUGNARO
(…/…/… - 7/10/80)
Un gringo querido por todos los que lo conocieron.
Vivía con sus padres en la comuna de Zero Branco, Provincia de Treviso, en la región del Veneto. O sea vecinos de la Ciudad de Venecia – Italia.
Cuando su papá falleció se quedó con su madre sola. Las tierras eran muy poquitas y poco aptas ya que el que tenía una vaca la debía tener a forraje y tomó la decisión de buscar nuevos rumbos en aras de un mejor porvenir. En la despedida le promete a Teresa, su mamá, regresar a buscarla apenas pueda.
Vino en un barco y anduvo de linyera en Buenos Aires, buscando changuitas y haciendo lo que se presentaba. De allí se fue a Santa Fe a la cosecha de maíz.
Oscar Lucero recuerda que contaba que trabajó en una estancia y el patrón lo contrató como cocinero. Dispuesto a esta tarea de la que no tenía ni la más mínima idea, se lanzó a la aventura de las ollas.
- “Hasta a la mazamorra le echaba sal” dice “Pira”.
Salía con un escopeta a la laguna que tenía la estancia y cazaba patos para cocinar ¡Estos sí parece que le salían lindos! porque su patrón siempre le solicitaba este plato o acaso porque era el único que le salía bien.
Nombraba mucho a un Sr. Brutomesi.
¿Cómo llegó a Quines?
Un buen día salió al mediterráneo argentino en busca de nuevas oportunidades. Subió al tren y bajó en San Luis. Al parecer dio unas vueltas, preguntó, no le gustó mucho la ciudad y se vino caminando hacia el noreste sanluiseño. “Me vine con un palito y un monito” le decía a su nuera Elsa María Izura cuando le pedía que le cuente como llegó. Y continuaba: “Cuando se hacía la noche tiraba el monito al suelo y me acostaba bajo un árbol. - ¿Y no tenía miedo? Preguntaba Elsa. – Y Si, tenía miedo de los pumas, pero la noche pasaba rápido.
Su destino era encontrar un lugar que le gustara. Cuando llega al río Quines se detuvo, algo del paisaje le atrapó y especialmente el caudal continuo de agua. Muy cerca del molino harinero hizo una chocita de álamos que cortó por allí y una cama con palos de la misma especie. “Cuando abría la puerta me encontraba con unos viborones así afuera” sabía decir al tiempo que con sus manos abiertas mostraba el tamaño.
Pide tierras para sembrar y una mula a la que le hace unas alforjas donde pone las verduras y sale a vender.
El negocio comienza a prosperar y trabaja luego con dos arados de mansera. Tenía dos caballos.
Con el tiempo establece una sociedad con “Pepe” Cepera y después le compra el campo al norte de la cancha de carreras.
En carretelas llevaban con “Tito” Turri naranjas, camotes, papas, lechugas, acelgas, zanahorias y otras verduras hacia Candelaria y otras hacia Santa Rosa provistos como medio de transporte de un caballo y una jardinera. Por allí tenían que soportar fuertes heladas y para salvar la mercadería hacían un fueguito debajo de la carretela.
Tenía como costumbre fumar con pipa y andar siempre con sus alpargatas enchancletadas.
Trabajaron con él “Pacho Toro”, Cecilio Lucero, “Jota” Andino.
Se casó con Juana Alicia Quevedo (hermana de don Gregorio Quevedo y de Gregoria “Ñata” Quevedo de Gatica) y como fruto de este amor nacieron:
Teresa Inés “Pira”;
José Victorio “Pepe”;
Antonio Sebastián “Kelo”;
María Alcira “Mary” y
Graciela del Carmen “Pochi”.
El campo era de 6 hectáreas y colindaba con Sixto Ibáñez, al oeste con Toribio Gatica y al fondo con Amaro Lucero.
Para regar buscaba a Tomasito López y juntos iban con bolsas que cargaban con arena y acomodaban en el río para represar el agua y de esa manera suba hasta las acequias que conduciría a los surcos. “El regaba y nosotras alumbrábamos con un farol a Kerosene” recuerda la Sra. de Tata Blanco. Tenía acequias con comparto.
Hasta 60.000 naranjas contábamos por año. Se hacían cien y pico de atados de acelga por día. Las arvejas también, repollo, sandías de 20 kg. para arriba haciéndose popular la frase “No hay sandías como las de Victorio”. Para los zapallitos de tronco hacíamos sarcitos de gramilla y con eso los tapábamos por la helada. Había 11 espalderos con parrales. “Tata” cortaba y colocaba en la carretela.
Teníamos muchos frutales: Kaqui, pera, damasco, manzanos (como 10 plantas), naranjas de dos estaciones.
Producir en esos tiempos no era fácil, había que tener buenas semillas, el agua nunca era suficiente y había que arreglárselas, las heladas perjudicaban los cultivos y todo se hacía a fuerza de trabajo y maña; a medida que pasaba el tiempo íbamos aprendiendo el manejo de los cultivos: Los camotes por ejemplo cuando la planta era chiquita la poníamos hacia un lado y él pasaba el surcador, después para el otro y al final acomodábamos la planta.
Al regar la huerta, allí nomás le pasaba el arado para que no se seque rápido la tierra.
Las semillas las encargaba a Carlos Govetti de Buenos Aires.
Otra de las tareas que realizaban era el carneo de chanchos. Facturaban dos chanchos por invierno. Se hacían codeguines, bondiola, jamón, panceta, tenían huesitos salados para el locro, con el hígado se hacía estofado.
También se elaboraba salsa de tomate y se envasaba y para Semana Santa encargaba bacalao y lo ponía en remojo y lo preparaba solo y después con porotos.
Cuando formó un hogar y estuvieron establecidos Victorio le comenta a su esposa de sus deseos de ir a buscar a su madre. Se contactan para sacar los pasajes y para avisar allá de su viaje y con todos los preparativos ya listos le informan que su mu madre había fallecido.
Ya en edad tenía ganas de volver a su país natal pero se enfermó y ya no se pudo mover. Contrajo pleura y le sacaron la mitad de una costilla.
Victorio vino a los 20 o 21 años de edad y cuando le preguntaban de donde era respondía “Soy más Argentino que los argentinos”
Sus hijos:
Teresa Inés “Pira” se casó con “Tata” Blanco y actualmente viven en el Barrio Hipódromo o como antiguamente se llamaba el Barrio San José.
José Victorio “Pepe” murió camino a Luján cuando iba a ver a su novia en moto. Alegaron que chocó un toro pero siempre hubo dudas del hecho. Tenía en ese momento 27 años y había dejado el camión Mercedes cargado para irse a Buenos Aires. Al día siguiente era el cumpleaños de “Pochi”.
Antonio Sebastián “Kelo” está radicado en Quines y se dedica a la actividad forestal y agraria.
María Alcira “Mary” se casó en junio de 1977 y su casamiento fue uno de los más recordados de la época. Su marido fue Roberto Kostich (gitano muy bien parecido, rubio de ojos azules y la mayoría de la chicas suspiraban por él). Los gitanos tenían la carpa en el descampado que había donde actualmente es la casa de Nimio Paredes (“el Paraguayo”), la fiesta la realizaron allí. Luego se fueron a Villas Mercedes. Al año se separó y actualmente está radicada en la provincia de Neuquén.
Juana Alicia Quevedo de Brugnaro junto "Pira", "Mary", "Pochi" y "Kelo"
"Pepe" Brugnaro junto a su prima Pocha Quevedo, hija de Jesús Quevedo.
Abajo posando con el camión de fondo.
"Pira" en la casa paterna.
Mary. ¡¡Cuánto se asemejó al personaje de Susana Giménez en la película "La Mary"!!
"Pochi" posando para la foto.








Que lindo todo!!!!! Mi pueblito querido!!!!! Hermoso todo!!!
ResponderEliminarmuy buena nota ,me gustaria saber de la vida de gente que trabaja hoy para que quines siga creciendo mi saludo atodos desde mi corazon atte alberto alejandro andino
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