HÉROE DE MALVINAS - JOSÉ OJEDA

 JOSÉ DOMINGO OJEDA (h)

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Foto: El Diario de San Luis cuando José
visita a sus padres luego del hundimiento del Belgrano.

José, hijo de José Domingo Ojeda y Blanca Díaz, nació en la ciudad de San Luis el 26 de noviembre de 1956. Lo liga a Quines un afecto muy especial ya que de aquí es oriunda su madre y visitaba la localidad frecuentemente. Llegó a jugar para la primera del Club Estación cuando este formaba parte de la Liga del Norte Puntano.
Es el actual Presidente del Centro de Ex Combatientes "2 de Abril" con sede en Belgrano 719 (5700) - San Luis.
Es un sobreviviente del crucero ARA General Belgrano. Su carga era el de Cabo Primero Maquinista.


“Uno no se puede olvidar de lo que vivió, de lo que pasó en la guerra...”

José tenía 22 años cuando se produjo el conflicto. Estaba haciendo la carrera de suboficial en la Escuela de Mecánica de la Armada y desde hacía un año y medio su destino había sido el Crucero ARA Gral. Belgrano. Conocía muy bien el buque y la gente que allí trabajaba.


En 1982 habíamos hecho una navegación muy larga de unos meses con operativos en Punta del Este. En el momento de la toma habíamos entrado en reparaciones siendo este el único buque que no participa de la recuperación. Cuando estábamos en el puerto nos enteramos por los medios de la recuperación y estando en el buque el comandante hace una formación y nos informa el estado de situación ya desde ese momento de cortar todos los francos para acelerar la reparación y salir a navegar cuanto antes. En menos de una semana ya estábamos navegando.
En los días anteriores al 2 de mayo, el personal estaba alerta por que sabía de la presencia de al menos un submarino y una fragata inglesa. Operamos en una escuadrón compuesta del buque y dos destructores. Dos días antes los destructores habían detectado un submarino y estábamos de sobre aviso. El 1 de mayo (día anterior) a la misma hora del ataque también detectan la presencia y se hacen las tareas de evasión.
El riesgo de ser hundido era una realidad y sabíamos que en guerra, y más con una potencia como Gran Bretaña, no iban a respetar si estábamos o no en zona de exclusión.
Cinco de los 323 que murieron eran puntanos y al ser tan pocos, teníamos contacto casi permanente a pesar de estar en distintas divisiones. Con Mario Frola era con quién más estaba en contacto.

José operaba en la parte de propulsión, en las turbinas (Tenía el Crucero 4 turbinas Parson x 2000 kW). Justamente es en esa máquina donde impacta el segundo torpedo. Fueron horas muy dramáticas con la suerte para José que justamente estaba de descanso a minutos de entrar en su turno.
“Cuando impacta el torpedo, yo iba caminando a tomar mi guardia” –relata José.
Muchos fueron los ejercicios que se habían hecho contemplando este tipo de situaciones. Cronometrar horarios, poner las balsas a flote, cómo y por dónde embarcar, que distancia retirarse para evitar la succión, etc., etc.
Mínimamente se calculaban dos horas como tiempo mínimo para desembarcar y tomar las bases. El Crucero se hundió en 45 minutos por lo que se tuvo que hacer lo que se practicaba en dos horas, en menos de 45 minutos. El clima hacía todo muy difícil, debíamos hacer muchas de las cosas que practicamos e improvisar por que las condiciones normales para hacerlo, no estaban dadas. Por ejemplo en un hundimiento siempre se desembarca por el lado contrario al que se está hundiendo pero no se pudo hacer así. Las balsas habían quedado muy altas y el viento y la marejada las metían debajo del buque.
En las fotos se pueden ver las balsas anaranjadas y el crucero hundiéndose hacia ese lado ya que no había otra opción.
José sale con unos compañeros y tuvieron que irse con la balsa arrastrando sobre la cubierta hacia la proa en donde la distancia al agua era de unos 16 metros. Corriéndose y agarrándose del crucero lograron llegar y hacerse al agua. A esa altura el crucero tiene hierros de punta y como algunas balsas son gomones, estos se incrustaron en esos hierros y los tripulantes cayeron al agua. Otras balsas que estaban muy cerquita de ellos los rescataron en minutos. Tenían los salvavidas semi inflados por lo que no se fueron tan abajo y en cuatro o cinco minutos los sacaron del agua, tiempo este suficiente para que los músculos se entumeciesen por el frío. “No podía ni si quisiera hablar, me levantaron semi congelado” recuerda José.
La balsa que nos rescató era para 20 personas y allí éramos 36. Gracias a Dios encontramos una que se había desprendido sola al momento del impacto y 16 trasbordamos a ella. Estuvimos allí 39 horas hasta que fuimos rescatados por un buque argentino.
A las 16 hs fue torpedeado ya desde las 18 o 19 horas se había levantado más viento y marejada. A las 0 hs del día 3 de mayo teníamos lo que se denomina “mar 10”, lo que significa que había olas de aproximadamente diez metros de alto y viento a 100 km. por hora. Muy buenas y fuertes eran las balsas para soportar este tipo de inclemencias.

Al llegar a puerto nos dieron dos días de permiso para ver a nuestros familiares y transcurrido este tiempo nos incorporamos de nuevo y quedamos a disposición para embarcarnos en otro buque si era necesario.
Los siguientes días fueron muy dolorosos y sentí mucha impotencia al saber la cantidad de compañeros que fallecieron y más al saber que los conocíamos pero al mismo tiempo tenía deseos de volver al mar.
El USS Phoenix, luego el ARA 17 de Octubre (C-4) y finalmente el ARA General Belgrano (C-4) era un crucero liviano, especial para batallas de costa. Era de origen estadounidense y fue botado el 12 de marzo de 1938. Se encontró en el interior de Pearl Harbor durante el ataque resultando ileso.
Estaba equipado con 15 cañones de 6”/47 (152 mm.) que tiraban 10 km. más lejos que la fragata más moderna de ellos; 8 cañones de 5 pulgadas (127mm) para fuego antiaéreo y tenía misiles Sikat (aire – aire); 28 cañones AA de 40 mm.; 48 cañones AA de 20 mm. y 8 ametralladoras de 12,7 mm.
Si el crucero llegaba a destino, más la excelente labor aérea, tal vez el curso de la guerra no hubiera sido el mismo.

A partir del minuto 11:40 podrás escuchar el relato de José con respecto al ataque y hundimiento del buque y sus vivencias. Programa "Cara a cara con Pablo Oro" emitido por canal 2 de CTV.
Momento en que se descubre la placa y el ancla en la Plazoleta Malvinas Argentinas.
2 de abril de 2014- Quines- San Luis



 Conflicto de Beagle - Navegando con doce grados bajo cero.



 Conflicto de Beagle - Destacamento Almanza - Ushuaia.




 Al medio: Daniel "Pato" Corvalán. 
Héroe caído en el hundimiento del Crucero Gral. Belgrano.

Jugando para Boutique Tolkar - Ushuaia.
Al medio abajo su gran amigo el "negrito" Alancay.
Héroe caido en el ARA Sobral.

Jugando en la primera de Club Estación - Quines - San Luis.
Con este equipo salieron campeones del torneo de la Liga del Norte Puntano.

 Foto histórica. El Club Estación (Campeón de la Liga del Norte Puntano) juega contra el Club Sarmiento (Campeón de la Liga de Villa Dolores). Para la estación juegan los jugadores de primera Lozano de Independiente de Avellaneda y Funes (Campeón de la Copa Libertadores con River Plate)
De izq. un ciervo. están Carlos "Garrincha" Suárez, Walter Lozano, José Domingo Ojeda, Juan Gilberto Funes y Nilse Gatica. Abajo Omar "Rata" Castro.
El encuentro lo ganó el Club Estación por 4 tantos contra 1.


MALVINAS, EL LEGADO
🇦🇷 En abril de 2026 se dio a conocer el libro y la página ‘Malvinas, El Legado’, una obra que recupera las historias de quienes vivieron la guerra

Cada relato contribuye a mantener viva la memoria colectiva y a reconocer el valor de quienes defendieron la patria, dentro y fuera del campo de batalla.

En la página https://malvinas.sanluis.gov.ar/ se puede acceder a las entrevistas que se les realizaron a los excombatientes que constan de un video y el relato de los mismos.


https://malvinas.sanluis.gov.ar/Veteranos/Detalle/448



Entrevista realizada a José Domingo Ojeda

José Domingo Ojeda nació en la capital de San Luis y cuenta que, en los años 70, era común que el personal de la Armada o del Ejército Argentino repartiera folletos para incitar a que la población siguiera algunas de sus carreras. Así, por curiosidad, en 1974, con 16 años, ingresó a estudiar en la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires. Llegar a esa ciudad lo maravilló. "Buenos Aires es algo sorprendente. Mirábamos todo. Todo nos parecía grande, lindo, y aparte de eso era todo algo desconocido. En la Escuela de Mecánica hicimos un mes que se llamaba periodo selectivo, donde enseñaban el tema de armamento, te daban clases de la vida militar, te iban tomando test, evaluando el coeficiente intelectual, y de ahí te daban ellos tres opciones, o tres especialidades", recuerda. Él, interesado por los motores y máquinas, logró un lugar y se especializó en el arreglo del sistema de propulsión de buques. Tras un año de instrucción, en 1975 se embarcó en el Patrullero Oceánico ARA 'Storni', donde aprendió más sobre la vida del marino. "Te van preparando para combates, zafarranchos, incendios de distintos tipos, vas conociendo las alarmas, cada uno tiene un puesto de combate, tiene una balsa destinada y toda una tarea específica a la que tienes que acudir". En marzo de 1976 volvió a la Escuela de Mecánica para cursar los dos últimos años de secundaria. Egresó en 1978 y fue destinado a la Base Naval Ushuaia, donde permaneció hasta principios de 1981. Luego le dieron el pase al crucero ARA 'General Belgrano', junto a varios compañeros que tuvo en Ushuaia. "Navegué todo el 81 en el crucero con una dotación de 600, 650 o 700 tripulantes para las navegaciones que hacíamos. Para el conflicto de Malvinas estábamos en preparación. Habíamos venido de una navegación muy larga, habíamos andado por Punta del Este". En abril de 1982, si bien Ojeda y sus compañeros ya sospechaban algo por movimientos inusuales en la base, "el comandante ordenó una formación en tierra de la tripulación y nos comunicó lo que estaba ocurriendo. Y dado los acontecimientos, había que acelerar las reparaciones (en el 'Belgrano'). Faltaba un mes para terminarlas pero se tenían que hacer en una semana. Obviamente se hicieron turnos rotativos sin parar". Tras la pruebas pertinentes, el 16 de abril los encontró navegando primero hacia Isla de los Estados, luego a Ushuaia para carga de combustible y de allí hacia la zona marítima de Malvinas junto a la flota. El 1° de mayo tuvieron la primera situación de riesgo y alerta tras la presencia de un submarino enemigo que los obligó a hacer maniobras evasivas; el horror se desató al día siguiente: "A las 16:00, cuando iba a tomar la guardia, nos impacta el submarino 'Conqueror'... el primero (torpedo) impacta en la popa (parte trasera), que creemos que es donde más gente muere. De los 323, mueren 270 aproximadamente. Ese impacto pegó en la máquina en la que yo trabajaba. Mis compañeros no salieron ni uno. La máquina obviamente reventó y murieron todos. El otro impacto fue en la parte de adelante y arrancó 16 metros de casco". Con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos, el veterano brinda una de las crónicas más cruentas, descarnadas y tristes escritas hasta ahora en estas páginas. Ojeda trató de ir a su puesto de combate, pero los gases tóxicos y el humo no se lo permitieron. Decidió ir a la zona de dormitorios y con una linterna ayudar a otros compañeros. Algunos estaban inmóviles por el shock, pero logró llevar a varios a la cubierta mientras el buque se ladeaba por el masivo ingreso de agua. Trataron de ir hacia la parte delantera, ya que fueron instruidos de bajar con las balsas por el lado opuesto al que se hundía el buque, pero ese sector se había elevado tanto que no podían arrojarse al mar desde allí por la altura. Se dirigieron a la parte trasera del buque para evacuar por allí y se introdujeron en una balsa con capacidad para 20 personas. Recorrieron por agua los 180 metros de largo de la embarcación para alejarse del arrastre del hundimiento, pero en la parte delantera los hierros retorcidos del casco rajaron su vehículo de evacuación y todos cayeron a las heladas aguas del Atlántico Sur. Fueron rescatados por otras balsas hasta que encontraron una que estaba vacía y se reagruparon. "Para las 11 o 12 de la noche teníamos un mar con olas de 10 metros, vientos de 100 kilómetros, una sensación térmica de 20 grados bajo cero y si bien las balsas tienen un techo adentro, obviamente había que cubrir la balsa y pelearle al mar". "La balsa subía a la cresta de la ola y de allá bajaba como un tobogán. Cuando pegaba abajo, todos teníamos que afirmarnos y hacer fuerza para que la balsa no se diera vuelta". Con ellos iban dos compañeros, uno con quemaduras severas y otro con congelamiento de riñones, a los que había que atender y contener mientras todos lidiaban con mareos, vómitos y el cansancio extenuante de sacar el agua que ingresaba al bote. "Era fundamental mantener la calma, no tener miedo. A las decisiones las tomábamos aquellos que estábamos un poquito mejor. No sé si estábamos shockeados o no, pero nos animábamos a hacer más cosas y a hablarnos", recuerda con pesar. Así pasaron 39 horas, hasta que fueron rescatados por el aviso ARA 'Gurruchaga', que según los libros de historia salvó a 360 sobrevivientes. Tras llegar al continente, a Ushuaia, fueron trasladados a Puerto Belgrano, su base de origen. Eran tantos los familiares de combatientes que se congregaban afuera de las instalaciones para saber algo de sus hijos que los superiores determinaron, tras unos días, enviar a los sobrevivientes a su casa. Pero la desesperación de la gente que no sabía nada de los suyos también lo asedió allí. "¿Qué decir? No sabía lo que había pasado. Tenía la idea, pero no tenía la fuerza para decirlo. Estuve un día (en la capital) y me vine a Quines, donde prácticamente me he criado, tengo muchos amigos. Vine porque no podía con el tema de los familiares. Vine para acá y me quedé más tranquilo", y cuenta que días más tarde fue notificado de que debía volver a su base. Los años siguientes transcurrieron en distintos destinos hasta que, como personal del portaaviones ARA '25 de Mayo', tras un accidente en la zona de máquinas, finalmente se dio cuenta que no podía seguir navegando y solicitó la baja voluntaria con el grado de cabo principal. De regreso a San Luis le tocó vivir el rechazo de no conseguir empleo y ser tratado como 'un loco de la guerra'. "Nadie se interesaba con lo que nos pasaba. Todo lo contrario, era discriminado" por su estrés postraumático y su 66% de incapacidad laboral. Sus conocimientos, amistades y la vida misma finalmente le encontraron un espacio en una empresa metalúrgica en la que trabajó 25 años. "Tuve la oportunidad, estuve muy bien pagado, trabajé bastante y jamás tuve nada que decir. Me sigo juntando con gente de la empresa y formé una familia: tengo tres hijos profesionales, un contador, un licenciado en bioquímica y una licenciada en administración de empresas. Creo que cumplí", reflexiona. Con los años participó de la creación del Centro de Veteranos '2 de Abril' y hace una década organiza junto a compañeros una velada para esa fecha en Quines, además de hacer donaciones benéficas y dar charlas en escuelas rurales de la zona. "Hablar de Malvinas es importantísimo porque la gente tiene que conocer lo que realmente pasó. Si bien apuntamos a los chicos para que nuestro legado sea con ellos, también hay muchos papás que se interesan por el tema, que quieren saber porque han escuchado distintas historias. La desmalvinización fue muy grande y se tergiversó todo lo que fue Malvinas entonces nosotros, no todos, hablamos". "Aquellos que más o menos podemos tomamos la iniciativa de salir a las escuelas, hablar y tratar de devolverle un poco a la sociedad lo que en estos últimos años nos fueron dando". Sobre su legado, dice que son sus hijos: "Ellos saben que cuando me necesitan estoy ahí al lado. Creo que en la vida he logrado tener esos hijos. Y después, por Malvinas, siento que tenemos la obligación moral de seguir malvinizando porque es la única forma de homenajear a los héroes , a los que quedaron allá y a su familia".

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